El chino de Schwob II

Unos meses después Schwob le consigue a Léautaud un chino para que le de clases de francés. Léautaud consigna:
«Este chino vive en el boulevard de la Madeleine, no lejos del Olympia. Le pregunto una tarde por qué no circula con la vestimenta nacional, con la trenza suelta sobre la espalda como es costumbre en su país (pues la lleva enrrollada bajo el sombrero). Me responde: «Salía así al principio, pero más tarde tuve que renunciar pues en el boulevard todas las mujeres me tiraban de la trenza.»»

Alrededor de la misma época, en Japón, donde había ido a estudiar medicina (aunque luego terminó por abandonar sus estudios para dedicarse a la literatura) Lu Xun observaba maliciosamente que los estudiantes chinos se enrrollaban la coleta abajo del sombrero, tal como hace el chino en la anécdota de Léautaud. La explicación que el chino le da a Léautaud sobre sus motivos para llevar la trenza de esa forma muy probablemente es falsa; muy probablemente no quiere decirle sus verdaderos motivos. Muy probablemente, la motivación para esconder la coleta es la misma que le asigna Lu Xun a los estudiantes chinos en Japón: una forma vana y un poco cobarde de rebelión contra la distanía Manchú, que por ese entonces estaba atravesando sus últimos años (faltaban apenas 7 años para la revolución de Xinhai). Vana, por razones obvias; cobarde, porque la verdadera audacia hubiera residido en cortársela; esconderla bajo el sombrero implicaba que una vez de vuelta en china, al final de sus estudios o durante el receso escolar, podían soltarse la coleta de nuevo y volver a su condición de súbditos mansos de los manchúes.

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El chino de Schwob

El 22 de marzo de 1903 Paul Léautaud anota en su Journal littéraire:

Estuve en lo de Schwob por primera vez, respondiendo a la invitación que me hizo luego del envío de mi libro. Un individuo encantador, de rostro curioso. Se parece a Napoleón. Infinitamente instruido, lo sabe todo, y siempre simple, nunca pedante. Soy introducido por un sirviente chino, que agrega un matiz muy fino de elegancia  a esta casa enorme, clara y silenciosa.   

Se llamaba Ting Tseying y es muy poco lo que se sabe de él. Schwob lo había encontrado en el pabellón chino de la exposición universal de 1900 y un año después los dos partieron juntos hacia Samoa, tras las huellas de Stevenson. En una entrada posterior, Léautaud anota un rumor que ha escuchado según el cual habría algún tipo de relación amorosa entre los dos. André Salmon anota en sus Souvenirs sans fin:

Conocí a este doméstico chino mucho antes de conocer a su amo. Una figura considerable de l’ile Saint Louis, este Celeste. Lo he visto –y en verdad había que verlo para creerlo- conversar con Charles-Louis Philippe! ¿Conversación? Es demasiado decir. Charles-Louis Philippe le hablaba al chino de Schwob. El chino de Schwob respondía con grititos (…) La popularidad del servidor amarillo tenía que ver con que, encargado por Mme. Moreno (la mujer de Schwob) de hacer las compras diarias en el mercado, se demoraba largamente en espera de un beneficio o un golpe de suerte. Los chinos son jugadores, esto ya se sabe. Ahora bien, un personaje extraño y emprendedor de quien no conozco nada más que este comportamiento cotidiano en la calle, organizaba una lotería de víveres. Era posible ganar un pollo, un conejo, una liebre, etc. Por supuesto, el hombre sólo procedía a realizar el sorteo una vez que había vendido todos los números, bajo la mirada indulgente de la policía. El proceso era largo (….) El chino tal vez ganó algunas veces, pero la cosa era que se almorzaba tarde en lo de Marcel Schwob. 

Ting no tardó en encontrar trabajo luego de la muerte Schwob en 1905. Fue contratado por el explorador y sinólogo Paul Pelliot y participó de una larga expedición al Turquestán.

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Atravesando la antigua ciudad mercantil de Hongjiang, Xiangxi, julio de 2010 (Xi Chuan)

La vieja, abandonada,
llegó a los 94 y sigue ahí, blanca y nítida, observando a los extraños
que entran y salen de las casas oscuras, casi no habla.

El hombre de mediana edad, abandonado,
se disfraza de pequeño funcionario Qing, actúa de juez en otra casa,
se divierte él, divierte a los otros, gana algo de dinero.

Su esposa es su esposa de siempre,
la cara transpirada, lava los vegetales, los corta y los fríe, genera hollín
mientras espera a mudarse a la nueva casa en la montaña, abandonar esta que nunca les perteneció

En la década del 30 los pequeños señores de la guerra abandonaron Hongjiang
En la década del 40 los bandidos abandonaron los burdeles
En la década del 50 los propietarios, tras donar un avión al país, dejaron sus negocios

El fabricante de mortajas
le pasa su oficio a un muchacho de secundaria
Pase lo que pase, este oficio seguirá hasta el fin de los tiempos

Lo viejo y en ruinas hace siempre un buen paisaje:
el eslogan revolucionario sobre la pared queda para los turistas,
la encrucijada donde fusilaron a los contrarrevolucionarios ahora es del “Nuevo Capitalismo”

Y “El viejo capitalismo” trae de vuelta
la luna de los campesinos, enterrada bajo el rugir del río, el chillido de los ratones y
el canto pretencioso de los fantasmas

En el sótano de un antiguo depósito de combustible
reaparecen toneladas de oro viejo; vuelven al Estado,
quién sabe si a la sociedad. Insoportable la carcajada del poderoso.

El río Yuan y el Wu se cruzan aún en el mismo sitio.
¿Regresará el viejo barco aceitero del fondo de las aguas
al viejo puerto, respondiendo al llamado del Partido para desarrollar el turismo?

                    走过湘西洪江古商城。2010年7月

                  被遗弃的老人
                   活到94,白白净净依然活着,注视着陌生的来人
                   进出昏暗的窨子屋,话很少。

                 被遗弃的中年人
                     清代小官吏打扮,在另一座窨子屋里,表演清官断案,
                   娱人娱己而已,可领到少许工资。

                 他老婆还是他老婆
                   大汗满脸,洗菜用水,切菜出声,炒菜起油烟,
                   盼望搬进山上的新房,遗弃这本属他人的旧居

                 三十年代的小军阀遗弃了洪江
                   四十年代的土匪遗弃了青楼
                   五十年代的掌柜的为国家捐罢飞机就遗弃了柜台

                 打寿材的手艺
                   被一个初中文化的青年继承下来
                   这类生意任你天翻地覆将持续到地老天荒

                 好风景总是破旧的
                   墙上褪色的标语表达过革命,现在留给游人
                   枪毙过反革命的路口现在留给了“新型资本主义”

                 而“旧资本主义”退回
                   农业的月色,被埋葬于江声、老鼠的叽叽叫
                   和鬼魂的附庸风雅的吟诵

                 在某间旧油号的地下
                   几吨旧黄金重现,归了政府,不知是否又重新
                   流通回社会?——受不了得势者的哈哈大笑。

                 沅江和巫水依旧汇流于旧地
                   运桐油的大船是否会为开发旅游,响应党的号召
                   而从水下开回旧码头?

                 2010. 7.30.

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Autobiografía de Tao Yuanming 陶淵明 (365-427)

El maestro de los cinco sauces

No se sabe el origen del maestro ni su verdadero nombre; junto a su casa había cinco sauces, y esa es la razón por la que se puso ese apodo. Hombre apacible y de pocas palabras, no codiciaba ni los honores ni el dinero. Le gustaba leer, pero no perseguía el sentido profundo de los textos; apenas encontraba en ellos algo que concordaba con una experiencia propia, sentía un placer tan fuerte que se olvidaba de comer. Amaba por naturaleza el vino, aunque su familia era pobre y no podía obtenerlo regularmente. Sabiendo esto, parientes y amigos con frecuencia disponían vino sobre sus mesas y lo invitaban; él iba sin falta y tomaba a fondo, esperando emborracharse. Una vez borracho se retiraba, sin demorarse nunca más de lo necesario. Vivía en una choza rústica y denudada, que apenas servía para cubrirlo del viento y del sol; vestía una túnica corta, llena de remiendos, y su escudilla y su taza a menudo estaban vacías; nada de esto le impedía estar satisfecho. Escribía para entretenerse a sí mismo y para mostrar cuál era su ambición. No le interesaba guardar en el corazón el balance de lo obtenido y lo perdido. Así siguió hasta el final de sus días.

 五柳先生傳

先生不知何許人也,亦不詳其姓字,宅邊有五柳樹,因以為號焉。閑靜少言,不慕榮利。好讀書,不求甚解﹔每有會意,便欣然忘食。性嗜酒,家貧不能常得。親舊知其如此,或置酒而招之﹔造飲輒盡,期在必醉。既醉而退,曾不吝情去留。環堵蕭然,不蔽風日﹔短褐穿結,簞瓢屢空,晏如也。常著文章自娛,頗示己志。忘懷得失,以此自終。

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Poesía irlandesa en el espacio Agüero

Un muy recomendable curso de poesía irlandesa contemporánea, por el poeta y traductor Jorge Fondebrider. Empieza el 4 de junio.

Espacio Agüero es un centro de estudios abierto por la Fundación Filba con la premisa de promover el encuentro con la lectura y la escritura a través de talleres breves y cursos. 

Espacio Agüero queda en Santa Fe 2911 3º F (esquina Agüero).  
Por informes e inscripción: espacioaguero@gmail.com // 4821-8555 (desde las 17.30)

Una breve historia de la poesía irlandesa contemporánea

Coordina: Jorge Fondebrider

Inicia: Miércoles 4 de junio

8 clases, todos los miércoles a las 18.

Taller de lectura.

Percibida por mucho tiempo como una de las posibles ramas de la poesía británica, la poesía anglo-irlandesa –vale decir, la poesía escrita en inglés por poetas irlandeses– posee una prosapia que sólo en las últimas décadas fue reconocida internacionalmente. Sin embargo, su riqueza es tal que, a la hora de considerar los mayores logros de la lírica occidental contemporánea, resulta ineludible. Por ello, el presente curso, dirigido a un público amplio, se propone dar a conocer a los poetas irlandeses contemporáneos más trascendentes. Por otra parte, al tratarse de una literatura ligada a una circunstancia colonial, ofrece no pocos puntos de contactos con el derrotero seguido por la literatura latinoamericana y la argentina en especial. En consecuencia el estudio de algunos de los principales poetas irlandeses del siglo XX permitirá la reflexión sobre los alcances de una literatura en un marco nacional, con una posible extrapolación a nuestra propia historia.

En el curso se trabajará con textos de William Butler Yeats, James Joyce, Austin Clarke, Patrick Kavanagh, Samuel Beckett, Charles Donnelly, Brian Coffey, Denis Devlin, Thomas MacGreevy, Louis MacNeice, John Hewitt, John Montague, Seamus Heaney, Eavan Boland, Eiléan Ni Chuiléanain, Harry Clifton, Michael O’Laughlin, Peter Sirr, Joseph Wood, Pat Boran, entre otros.

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Conversación con Jorge Aulicino. 2 Fragmentos

2 fragmentos de una entrevista registrada en agosto de 2013. La entrevista tuvo lugar en la casa de Darío Rojo y los entrevistadores fueron: Jorge Salvetti, Darío Rojo y Miguel Angel Petrecca. La transcripción es en bruto.

Fragmento 1.

¿Cómo ingresé al Partido? Y bueno, yo soy hijo de comunistas, mi viejo Rafael era comunista. Era medio inevitable, aunque es verdad que no me afilié al partido de entrada, tardé un poco; es más, fui hasta Tacuara. Pasé una semana por Tacuara, porque todos los muchachos del club eran de Tacuara. Un club de Ciudadela. Y un día me llamó mi tío, que era dirigente del Partido Comunista en la Provincia de Buenos Aires, y me dijo, mirá, me dijeron los muchachos de Ciudadela que tienen en sus archivos como militante de Tacuara, ¿qué mierda estás haciendo? En realidad era la Guardia Restauradora, no era Tacuara; usaban camisas marrones, camisas Pardas. Le digo: “Son unos muchachos que se ponen unas camisas pardas nada más…” “Sí”, me dice, “pero están tirando bombas de alquitrán contra las sinagogas, balearon la casa de un compañero nuestro, fijate con quién andás.” Yo tenía 14 o 15 años. Básicamente, me estaban advirtiendo que me iban a cagar a palos si seguía así. Yo me afilié a la Juventud Comunista en el Colegio, ese fue mi ingreso. Mi viejo, mi vieja, el hermano de mi vieja, este tío del que te estoy hablando, eran todos comunistas. Mi abuela paterna era italiana y la hermana de mi papá, la hermana mayor, también. Los hijos que siguieron nacieron acá. Mi abuelo era un albañil. Tenía sí un hermano que era anarquista, me acuerdo que lo veía siempre en la casa de él, tomaba como una cuba. Y de toda la familia el único que salió fue mi viejo, que en realidad primero fue anarco, después se afilió al Partido y ahí la conoció a mi vieja. En realidad mi viejo conoció a mi vieja por mi tío. Ambos militaban en toda esa zona de San Martín, Ciudadela, y supongo que mi vieja se había afiliado por mi tío. O sea que al final de una manera u otra yo tenía que terminar allí. Mis viejos, o al menos mi viejo seguro, eran ateos militantes. Yo viví con mi abuela española en realidad, o sea mis viejos vivían con mi abuela, y cuando mi vieja murió mi abuela se ocupó de nosotros; pero era una católica muy austera, no mostraba su catolicismo, no tenía santos en los paredes y no era de ir a la iglesia, aunque era católica a fondo. La tana era distinta, la abuela Rosa, tenía su altarcito en el cuarto, la virgen con la vela prendida, todo, era muy manifiesto. No iba a la iglesia, pero tenía su propio culto hogareño. En cambio no, la española no, no tenía santos, nada visible. Era castellana, viste que los castellanos son muy… son menos santeros. Igual creo que tenía un crucifijo, en algún lugar no muy visible. Y tenía un cuadrito, que creo que era de Rafael, una reproducción de un Cristo, un cristo renacentista.

Fragmento 2


Yo no conocía a nadie del 60. No conocía a Gelman, ni a Bignozzi, ni a Urondo. A Gelman lo vi una vez sola. De los mayores sí, veía a Tuñón. A Girri en el 75 Kovladoff le hizo una entrevista en Crisis, que era una revista montonera que manejaban Gelman y Galeano. No era montonera orgánica, pero sí era montonera pro izquierda. Y Kovladoff le hizo una entrevista, lo que sorprendió a todos, era raro que saliera Girri en Crisis. Yo perdí los prejuicios gracia a esa nota, que era una nota por un libro que acababa de salir Quien habla no está muerto. Me acuerdo que en el reportaje decía, no sé qué le preguntaba K. sobre la dificultad para leerlo, y entonces él respondió: qué curioso, porque yo tengo ahora como consigna trabajar con lo obvio. Claro, bueno, lo que para él era obvio… Después estaba Giannuzzi, que sí lo leía. Había sacado Las condiciones de la época, que nadie le daba bola, porque estaba toda la onda del coloquialismo de los que manejaban la cultura, Gelaman, Urondo. No le daban bola a Giannuzzi porque G. era amigo de Sur, o sea por ubicación política. Entonces Giannuzzi saca el tercer libro que es Las condiciones de la época, muy acorde con la época, y la tapa era como una especie de represión en Plaza de Mayo, que se ve gente amontonada y un chorro de agua que les tiran, y tenía una introducción que decía: “El autor hasta ahora se inclinado por temas intimistas, pero ahora está más atento a la realidad social de su tiempo.” Qué bárbaro… quería anotarse de cualquier manera. Pero bueno, era el mejor o uno de los mejores libros de los 60. Era uno notita nada más. Yo creo que él trataba de anotarse en la corriente principal, y no le dio resultado porque de ese lado no le daban bola, y del otro en realidad tampoco porque era peronista. El contacto de él en Sur era Murena, él era amigo de Murena, y era amigo de alguna otra gente de Sur. Trató de ir para ese lado, pese a que era peronista, y yo creo que eso lo marcó mal para el otro lado. Quedó totalmente mal ubicado. Personalmente lo vi una vez, pero no lo traté mucho, recién en los 80 empecé a tratarlo. Estaba en no sé qué tipo de ágape, ahí todo gris, escondido en el fondo. Yo me acerqué y le dije: “Tengo su libro, compré su libro”. Me dijo: “Debe ser uno de los pocos” Era amigo de Lamborghini, eso sí, de Leónidas. A Leónidas yo lo había leído también, El solicitante, Eva perón en la hoguera, que tuvo bastante éxito. Y fui una vez a verlo a Crónica, con un tipo que se llama Soares, Norberto Soares, que era el padre de Lucas Soares, un periodista que laburaba en el periódico de los bancos cooperativos, los que ahora fundaron el Centro Cultural de la Cooperación. Un día me dice vamos a verlo a Lamborghini, te va a gustar conocerlo. “Pero no, si escribió Eva Perón en la hoguera”. “Pero no seas tan gorila.” “No, no, a mí me gusta, es un buen poeta, qué sé yo…”. Cuestión que fuimos a Crónica y no nos dio ni cinco de bola. Estaba  re contra obsesionado porque tenía que escribir no sé qué mierda que le habían pedido, “Qué tal muchachos, sí, sí. Sí, sí, me fue bien con el libro…” Y seguía ahí. Y vino un tipo y le dice: “Alargá esto”. “Estirá esto”, le dice. Y le da un cable de cuatro líneas. Y Lamborghini se pone a mirarlo y dice “Estirá esto, estirá esto… ¡Tirá esto!!!!” Y lo tiró a la mierda. No, era muy simpático, era simpático Lamborghini. Y ahí se puso a hacer toda una teoría, nos dio un poco de bola y empezó a hablar del tango y de por qué le gustaban las letras de algunos tangos. Me acuerdo siempre que dijo que le gustaba Tome y obligo, que hay una parte que dice: “Si los pastos conversaran.” Me dice: “Escuchá esto: ¡si los pastos conversaran! Te tenés que imaginar a los pastos conversando.” No, sí, leíamos a todos esos tipos, bastante, bah, lo que publicaban, en realidad L. había sacado sólo dos libros, y G. sólo tres.

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Escrito a los 33 años

Escrito a los 33 años
Cuando cumplí mis primeros diez años
la luna descubrió para mí sus cráteres silenciosos
y bajo su luz, en la ciudad donde vivía,
los tambores conjuraban a los demonios, los gritos llenaban la calle
y mi tío rengo maldecía en medio del patio
Sin darme cuenta recibí el beso de un gallo blanco
y una niña se bajó los pantalones en frente mío
En la escalera encontré el fantasma de un suicida
Me dijeron: que no debía tener miedo
y mi padre me alzó sobre su cabeza
En el camino a la comuna el granizo rebotaba hasta agotarse
Entré a una escuela pura a estudiar la Revolución
A los veinte años
crecí junto con todos los grillos del mundo:
despreciábamos las dificultades, nos enamoramos de la violencia y la luna
Un tigre surgió ante mi puerta
y al sentir el olor de su carne
corrí como una liebre hacia la puerta de un extraño
Vi a una mujer y un hombre preparando los vestidos de una fiesta
Robé, otros también robaron
Quemé gorriones igual que los demás
La vida era así, pero yo tenía un talento especial
para pintar paisajes hermosos
No tenía pecados por los que pedir perdón
Algunas puertas se cerraron, otras no se habían abierto aún
A los treinta fue el momento de viajar y leer
Comencé naturalmente a atormentarme
Le cantaba al rostro y a las rodillas del amor
pero nunca vi a una diosa bajar a la calle
Los amigos venían, llenos de energía, luego se iban sin dejar rastro
dejándome camisas y anteojos que no podía usar
El filo de los comentarios atraía la catástrofe
como el desorden de la carne atraía la lluvia
Subí llevando un paraguas a una colina
Un pequeño pájaro buscaba a alguien en la tormenta
girando en medio del trueno y el relámpago.
¿Cómo se puede dudar a la vez del mundo y de uno mismo?
No podés ordenarle a lluvia que pare, al pájaro que aterrice en la mano
el pensamiento es como un cuchillo, basta
un solo brillo para bañar en sudor mi espíritu
Eché a treinta filósofos que especulaban en círculos
Le pedí disculpas a la sombra que me protegía
El sudor y las lágrimas son salados, ¿cuál es el gusto de la carne?
La noche es como una sucesión de cuartos iguales.
Atravieso el centro pero es como si diera vueltas
en un mismo cuarto. De la mañana a la noche
pienso en el futuro, señal de que no he encontrado la calma-
la tierra se mueve aunque yo, hasta ahora, nunca he podido percibirlo.
Xi Chuan. 24/06/1993
写在三十岁
在我第一个十年
月亮向我显现了它寂静的环形山
而月亮之下,我居住的小城
驱魔的锣鼓喧响,大街上叫声一片
我瘸脚的舅舅在院子里骂人
我一不小心领教了白公鸡的接吻
一个小女孩在我面前脱下裤子
我爬楼梯时撞见自杀者的阴魂
我被告知别害怕
我被父亲高举过头顶
冰雹在通往公社的路上跳得精疲力竭
我走进纯洁的学校学习革命
在我第二个十年
全世界的蟋蟀我和一起成长
一起蔑视困难,一起爱上暴力和月光
一只老虎出现在我的门口
我闻到了肉味
我像一只免子跳到别人的门口
看到男人和女人在准备节日的盛装
我偷盗,别人也偷盗
我烧死麻雀,别人也烧死麻雀
生活如此,而我有突出的才华
我描画理想的山水风光
我没有太多的罪行要求世人原谅
一些门关闭了,另一些门尚未打开
第三个十年适于出游和读书
我折磨起自己来理所当然
我歌唱爱情的眉宇和膝盖
却从未在大街上看到天女下凡
朋友们来了,生机勃勃,随即杳无踪影
留下我无法穿戴的衬衫和眼镜
批判的锋芒招来了灾难
像肉体中的暴乱招来了大雨
我扛着一把雨伞登上小丘
一只小鸟为寻找一个人而迎着雷鸣电闪
在雨中飞旋
怎么能既怀疑自己又怀疑世界?
你无法叫大雨停住,叫飞鸟落在手上
思想像一把刀,仅仅一闪
便使我的灵魂大汗淋漓
我赶走三十个高谈阔论的哲学家
对守护我的影子说:对不起
咸的汗,咸的泪,肉体还能是什么味道?
黑夜像一连串陈设相同的房间
我穿行其中,却好像在一个房间里
来回踱步。从早到晚
关心未来说明我心中不快——
大地运行只是我向无觉察——

1993.6.24端午节
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Los Cinco Corderos y el cocinero de Mei Yuan

En Buenos Aires, uno de mis restaurantes chinos preferidos (y de mucha gente) es el Cinco Corderos de la calle Las Heras, un lugar a esta altura casi de culto. Hay muchas razones por las que el Cinco Corderos resulta memorable, pero tal vez la primera, o la que impacta de manera inmediata tiene que ver con la atmósfera, ligeramente irreal, mezcla de nave espacial y set de filmación, siempre medio desierto sin importar a qué hora o qué día uno vaya. Luego, sin duda, está la comida, que es generosa y bastante próxima en muchos platos a lo que uno puede encontrar en China (los jiaozi o ravioles, por ejemplo, o los tieban, los platos hechos a la plancha). Pero tal vez lo más importante del lugar son las dos personas que lo habitan: un matrimonio de chinos de la provincia de Cantón que viven en Argentina hace más de veinte años. La mujer, que se ocupa del servicio y de sacarle fotos a la comida, es inmediatamente querible, por su risa demente y su hiperkinesis gratuita; el marido, por su parte, tiene dos identidades: es el cocinero (tercera generación en la familia) pero también se encarga del delivery: uno no necesariamente conecta en seguida estas dos identidades, pues en su faceta de delivery se lo ve salir de la cocina ya con el casco puesto, como una especie de super héroe, y dirigirse como una tromba hacia a la moto. Luego vuelve y sigue cocinando como si nada. Una vez, que había estado conversando con él y tratando que me enseñara algunos secretos de cocina, me dijo: “El hombre tiene dos manos, dos piernas, dos ojos, dos orejas; por lo tanto, naturalmente hay también dos sabores: lo dulce y lo salado. Eso es lo más importante que tenés que saber.”
La biografía siempre ha sido un género muy cultivado en la literatura china. Casi desde los comienzos de la literatura, los chinos han tenido la afición de escribir pequeños esbozos biográficos de personajes históricos, que luego iban a parar a la sección de documentos históricos de las grandes enciclopedias de cada dinastía. Pero biografías de cocineros, aparentemente, sólo hay una en toda la historia de la literatura china imperial. La escribió Mei Yuan, un gran poeta de la dinastía Ming que además de poeta era un gourmand: uno de sus libros más famosos es un resumen de la cocina de su época que se llama “Recetas del Jardín de Sui”). Al leer la biografía de Wang Xiaoyu, el cocinero de Mei Yuan, me acordé un poco del cocinero de los Cinco Corderos.

(Entre paréntesis, “Cinco Corderos” en China es otra manera de referirse a la provincia de Cantón; la expresión viene de una leyenda, según la cual en el pasado hubo cinco inmortales que llegaron a la provincia de Cantón montados en cinco corderos y llevando cada uno un cultivo diferente, que le ofrendaron a la gente del lugar para asegurarse de que nunca más hubiera hambrunas. Hoy hay una escultura muy famosa que recuerda un poco esta leyenda).

Biografía de Wang Xiaoyu

Xiaoyu, de apellido Wang, era un hombre de origen humilde, cocinero de carrera. Su arte culinario era de una destreza tal que hasta las personas a más de diez pasos de distancia empezaban a babear al ser alcanzados por el olor. Cuando llegó a mi casa por primera vez me pidió que le indicara una lista de mis platos preferidos. A pesar de ser amante de la comida como Ying Changhou de la dinstía Jin, yo temía a la vez que él fuera demasiado fastuoso y le dije, suspirando: “Soy pobre y no puedo gastar en cada comida más que una cantidad limitada.” El se sonrió y respondió: “Prometido.” Al rato, trajo una bebida deliciosa, de un dulzor tal que tomé sin parar hasta satisfacerme. Cuando mis visitas supieron de él, no faltó quien trató de llevárselo.
Xiaoyu siempre iba al mercado personalmente a comprar los productos. Decía: “Cada cosa tiene su naturaleza. Si su naturaleza es buena, lo compro.” Después de comprar las cosas las lavaba, las calentaba y las pelaba, luego las cocinaba. Los comensales, eufóricos, satisfechos, se ponían a bailar, no faltaba a veces quien llegaba hasta morder el plato. Sin embargo, él no hacía más que seis o siete platos, nunca más. Cuando estaba frente al fuego, se paraba como un pájaro, el ojo inmóvil, mirando el wok, respirando en medio de un completo silencio. Haciéndole un gesto hacia el hombre que manejaba el fuego, decía: “Fuerte”, hasta que el sirviente quedaba rojo como un sol. Decía: “Lento”, y el hombre disminuía la cantidad de leña. “Esperar”, y entonces parecía que abandonaban el fuego; pero al rato decía “Ya está listo” y el otro tenía que apurarse a sacar la comida del fuego. Si el otro desobedecía en lo más mínimo o se demoraba apenas, Xiaoyu se ponía furioso y comenzaba a los gritos, como si un segundo de tardanza pudiera arruinar todo. Tiraba los condimentos con la mano, a ojo, nunca lo vi meter el dedo para probar. Cuando terminaba de cocinar se lavaba las manos y se sentaba, limpiaba y afiliaba sus utensilios, que eran más de trece entre pinzas, tridentes, cuchillos, cepillos. Guardaba todo en los cajones. A veces había alguno que recogía alguna gota que había salpicado y se frotaba los dedos, tratando de estudiar a partir de esa gota su secreto. Pero nadie nunca lograba imitarlo.
Cuando le pedían consejo respondía: “Es difícil de decir. Ser cocinero es como ser médico. Tengo que analizar con un mismo espíritu la compatibilidad entre cien sustancias diferentes, y examinar el nivel de fuego y de agua, de manera que un solo bocado sea tan delicioso como diez mil.” Si se le preguntaba acerca del orden de los platos decía: “Primero van los más fuertes, en segundo lugar los más livianos; lo común debe predominar, lo raro va entremezclado. Cuando veo que la lengua está cansada, le doy picante para despertarla; cuando veo que el estómago está lleno, le doy agrio para comprimir la comida.” Yo le decía: “ Manejás a la perfección los Ocho Platos Preciosos y las Siete Formas de Cocinar; eso es lo básico en un cocinero. Pero hacer una comida deliciosa a partir de dos simples huevos, eso es algo fuera de común, ¿Cómo puede ser?” El respondía: “Ser capaz de lo grande  e incapaz de lo pequeño: eso es vulgaridad; ser capaz de lo simple e incapaz de lo sofisticado, eso es falta de talento. El sabor no está en el tamaño, no está en el valor de los materiales.  Si hay talento, un par de verduras son lo suficientemente preciosas; si no hay talento, aunque tengas tres cuartos repletos de  jilgueros preservados en sal, no servirá para nada. Los que buscan la fama cocinan platos tales como Carne asada del Mundo Celeste, Carne disecada de Dragón cornudo, Bolas de Fénix de la Montaña del Cinabrio, Tiburón rojo  de la Laguna de Li. ¡Qué gente ridícula!”  (…).” “Con su talento, podrías estar trabajando en la casa de una familia rica, y en cambio permanecés en el Jardín de Sui, ¿por qué?” “Es difícil encontrar a alguien que lo comprenda a uno, pero más difícil aún encontrar alguien que sepa apreciar el sabor. Yo me esfuerzo con toda mi alma para dar de comer a la gente. Cuando entrego un plato entrego también mi mente, mi estómago, mi vientre, mis riñones. Pero esas personas que tragan y beben ruidosamente estarían igualmente satisfechas con un pedazo de madera podrida. Gente así es incapaz de apreciarme, y con ellos mi arte también retrocedería día a día, pues la persona que nos entiende no es sólo aquella que conoce nuestras virtudes sino la que conoce nuestros defectos. Usted nunca ha dejado de quejarse, incomodarme y discutirme. Pero estos tormentos son el precio doloroso que se paga por la gloria. De esa forma mi arte avanza día tras día. Por eso prefiero quedarme aquí.”
Xiaoyu murió menos de diez años después. Cada vez que me siento a la mesa a comer no puedo evitar llorarlo, recuerdo sus palabras, en las que había una sabiduría capaz de servir a un gobierno y de hacerse literatura. Vaya esta pequeña biografía en su honor.



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Elogio de la noche

Los amantes de la noche no son solo los solitarios: también están los indolentes, los hombres fuera de combate, los que odian la luz del día. Las palabras y la conducta de las personas suelen diferir radicalmente entre el día y la noche, bajo la luz del sol o la luz de la lámpara. La noche es el vestido denso y misterioso que la naturaleza teje para el día, cubriéndonos a todos por igual, proveyéndonos calor y paz. Sin darse cuenta cada uno de nosotros se quita poco a poco la máscara y las vestimentas, se deja envolver, desnudo, en esta especie de mortaja negra y sin fin.
Aunque la noche sea una, hay grados de luz y oscuridad dentro de ella. Está la luz tenue, está la penumbra crepuscular, la oscuridad en la que no vemos siquiera nuestra mano, la negrura primordial. Los amantes de la noche deben tener oídos para escucharla y ojos para verla, para ver la oscuridad aún desde adentro de la oscuridad. Dejando atrás las luces de la calle los caballeros entran a un cuarto oscuro y elongan sus cuerpos; los amantes, dándole la espalda a la luna, penetran en el follaje oscuro, cambiando súbitamente su expresión. La noche cae y destruye todas esas palabras que los señores y hombres de letras escribieron a plena luz del día sobre el papel brillante: textos altivos, textos de iluminados, textos agitados, rutilantes: sólo queda el aliento nocturno hecho de ruegos, complacencia y mentira, engaño, jactancia y falsedad, formando como un halo brillante y dorado, similar al que se ve en algunos cuadros budistas sobre las cabezas dotadas de un saber superior.
Los amantes de la noche, por tanto, aceptan la luz que les da la noche.
La muchacha moderna avanza bajo los postes de luz, enérgica y decidida sobre sus tacos altos, como si hubiera caminado sobre ellos toda su vida: sólo una gota de sudor, brillando en la punta de su nariz, la traiciona. Cuando la luz está por destruir sus pretensiones, la penumbra de una hilera de negocios cerrados le da cobijo; demora su carrera, respira, siente el alivio de la brisa nocturna.
Los amantes de la noche y las muchachas modernas, por ende, reciben igualmente los favores de la noche.
Cuando la noche se termina, las personas se levantan con cuidado y salen de sus casas. Después de las 5 o las 6 de la mañana, los esposos cambian radicalmente de aspecto, se muestran entusiastas y ruidosos. Pero detrás de las altas paredes, en el centro de los grandes edificios o en un boudoir profundo, en la prisión, en el claustro de clases, en el departamento secreto de gobierno, la noche verdadera e inquietante no se disipa.
La luz y el bullicio de ahora son el decorado de esta oscuridad, la cobertura brillante sobre la lata de carne, el maquillaje que cubre por un momento la mueca. Sólo la noche es verdadera. Porque amo la noche, en medio de la noche escribo este elogio de ella. 
Lu Xun

8 de junio de 1933.

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Robert Haas sobre la poesía china, Yu Jian y Xi Chuan

ROBERT HASS
Dos poetas. Una generación luego de los “Poetas Oscuros”, la poesía china vuelve a revivir.

El cielo sobre Pekín en una mañana de octubre de 2008 era del color de un moretón, un lívido amarillo amarronado que, según  me explicaron mis amigos, era una tormenta proveniente del desierto de Gobi, más la inversión térmica, más el humo del carbón que calienta y da energía a la ciudad, más los tubos de escape de los coches. La visibilidad era mínima. Uno podía distinguir los coches pasando por la calle y discernir vagamente las figuras que avanzaban por la vereda opuesta. Parecían personas vadeando una niebla matinal en un poema de la dinastía Tang. O una metáfora de la China contemporánea: el desierto de Gobi era la vastedad del país; el humo del carbón,  la revolución industrial (fase 1), y el dióxido de carbono, la revolución industrial (fase 2).

Para la mañana siguiente había empezado a soplar viento, había caído una lluvia ligera y el cielo estaba completamente azul. Desde nuestra ligera elevación en el norte de la ciudad miramos un cielo azul nítido y nubes altas, suburbios expandiéndose infinitamente y, por encima de ellos, un bosque de grúas –Pekín transformándose a sí misma. Un rato antes, había estado sentado en un auditorio escuchando una lectura de poesía, en chino e inglés, y visto la avant premiere de una nueva película china. Ambas cosas fueron tan sorprendentes que hicieron que la súbita transformación del cielo pareciera también una metáfora.

La película, 24 City, dirigida por Jia Zhangke y escrita por él y una poeta llamada Zhai Yongming, cuenta la historia del cierre de una fábrica en la ciudad de Chengdu, en la provincia de Sichuan. Dinosaurio de la economía planificada, la fábrica estaba situada en una ciudad-empresa inmensa y paternalista, donde miles de personas habían trabajado y vivido sus vidas, realizando las tareas que implica la fabricación de motores de aviones y heladeras. La combinación de largos y lentos paneos de edificios vacíos, las caras animadas de los narradores, la manera en que sus relatos daban cuenta de 50 años de historia de su país, los pasajes súbitos y meditativos a espacios de silencio en donde los objetos parecían hablar, constituían en total una sensación de elegía y asombro por las formas que las vidas pueden tomar y la forma en que las personas viven dentro de los mundos que se les conceden- una combinación que daba también a la película una gran sensación de riesgo estético y sorpresa.

Zhai Yongming, la poeta que había co-escrito la película, nació en Chengdu en 1955, así que había escrito sobre un mundo que conocía muy bien. Yo sabía que, durante la Revolución Cultural, ella había sido enviada al campo durante dos años para ser reeducada, y que en 1984 había publicado su primer libro de poemas, un libro acerca de las vidas de las mujeres. Era por esa misma época que en China había surgido una nueva generación de poetas que rompía con la línea estética del Partido Comunista. Los críticos les habían puesto el mote de “Poetas Oscuros”, reprochándoles su subjetividad militante, y muchos de esos poetas más tarde terminaron en el exilio tras la represión de la Plaza Tiananmen. Pero eran un signo claro de que la poesía china había vuelto a la vida, y ahora, mientras me preparaba para escuchar una nueva generación de poetas, no tenía idea de qué podía esperar.

La lectura fue una seguidilla ininterrumpida de voces vivas y sorprendentes. La edad de los poetas, hombres y mujeres, iba de los casi cuarenta a los poco más de cincuenta años. Pertenecían, igual que Zhai Yongming, a lo que los críticos han bautizado como la Nueva Generación. Todos me parecieron interesantes, pero en modos diferentes –lo que tal vez fuera lo más sorprendente. A lo largo de los años había asistido a unos pocos encuentros de poesía internacionales en los que poetas chinos habían leído sus trabajos. En esos años, en los 80 y los 90,  no sabías, en primer lugar, si los poetas que estabas escuchando eran los poetas verdaderos, debido al estricto control ejercido sobre el ámbito de la cultura en la República Popular, pero sí sabías al menos que, si eran los poetas verdaderos, escribían en un código absolutamente opaco. Poetas de todo el mundo –desde Vietnam y Holanda hasta Brasil y Canadá, mutuamente muy diferentes, provenientes de tradiciones bien distintas-, eran parte de la misma conversación. Estaban tratando de inventar en el lenguaje, tratando de decir qué era la vida para ellos, dar testimonio de ella, encontrar nuevas formas de encarnar la experiencia de pensar y sentir y vivir entre los otros. Eso era lo que yo estaba escuchando de repente en Pekín- ese sonido familiar, tan estimulante, no tanto de la poesía como del poder que acompaña el proyecto de la poesía. Se sentía que algo muy vivo y novedoso se estaba moviendo en China.

Más tarde hice un paneo mental de la historia de la República Popular. Octubre de 1949: la fundación. Julio de 1957: la primera campaña anti-derechista, que incluyó una oleada de represión contra los escritores de pensamiento independiente. Mayo de 1966-octubre de 1976: la Revolución Cultural, una nueva represión, aún más violenta, contra los “elementos burgueses.” Septiembre 1976: la muerte de Mao Zedong. Diciembre de 1978: el comiendo de las reformas económicas bajo la égida de Deng Xiaoping, el mismo año en que casualmente un grupo de jóvenes poetas comenzó a publicar la primera revista no-oficial de poesía (Hoy-Jintian), ayudando a lanzar la llamada “Escuela de los Poetas Oscuros.” 4 de junio de 1989: la masacre de la Plaza Tiananmen, luego de la cual numerosos poetas, especialmente Bei Dao y Duo Duo, se exiliaron por varios años. Fue a través de la traducción de estos poetas que los escritores en Estados Unidos y Europa comenzaron a prestar atención a la poesía china contemporánea.

La nueva generación había nacido entre 1951 y 1971, lo cual significa que eran adolescentes durante los años de la Revolución Cultural. Los más jóvenes de entre ellos tenían 35 o 40 años en el momento de la Plaza Tiananmen; los más jóvenes, 18. Crecieron en un período que se percibe desde afuera como de cambio extraordinario. La primera antología de poesía china –probablemente la primera antología de poesía de la historia de la humanidad- fue encargada por un emperador que envió investigadores a recoger y transcribir canciones populares porque quería saber cómo estaba viviendo la gente. Me encontré escuchando a los poetas nuevos con ese espíritu, con curiosidad acerca de qué tipo de poemas estaban haciendo, pero también acerca de qué tenían para decir sobre sus vidas y sobre los tiempos tumultuosos que habían atravesado.

Yu Jian es uno de las voces más poderosas entre estos poetas emergentes. Nacido en el sudoeste de la provincia de Yunnan en 1954, es apenas cinco años más joven que la República. Sin embargo, el primer drama de su vida fue personal, no político: una enfermedad infantil le produjo un daño severo en su audición. Cuando estalló la Revolución Cultural en Yunnan, tenía doce años; su educación resultó interrumpida mientras sus padres, que eran intelectuales, fueron enviados al campo para ser reeducados. A los 16 años, Yu Jian fue a trabajar a una fábrica como soldador y remachador. Una breve biografía suya en el diario Poetry International informa que “influenciado por el interés de su padre en la poesía china y ayudado por los cortes de energía frecuentes en la fábrica”, se convirtió en un lector voraz. Fue en esos años de adolescencia y exilio de su educación que descubrió a Walt Whitman (en la traducción china, por supuesto), quien se convirtió en una influencia decisiva. A los 26 años –esto es, luego de la muerte de Mao, durante el reinado de Deng Xiaoping y las reformas económicas- entró a la universidad para estudiar Lengua y Literatura China. A los 28, dos años antes de las manifestaciones en la plaza Tiananmen, publicó por primera vez un poema en un prestigioso periódico oficial de poesía. El poema no podía ser más sencillo. Estos son algunos de sus versos:

El número 6 de la calle Shangyi  (尚义街六号)

En el número 6 de la calle Shangyi,
un edificio amarillo de estilo francés,
los pantalones de Laowu cuelgan del segundo piso
Un grito       aparece en la entrepierna la cara con anteojos
En el baño público al lado
todos los días temprano ya hay cola
Nos acercamos siempre al atardecer
abrimos el paquete de cigarrillos     abrimos
la boca encendemos uno

Más tarde, en 1991, publicó una secuencia de poemas (“Dos o tres cosas acerca del pasado”), acerca de los años de la Revolución Cultura. Aquí está el comienzo del primer poema de la serie, “Tan caliente entonces”:

So hot then
red trucks loaded with
adults’ burning tongues
forward    forward again
disappearing down to the core of
     resolve
escaped schoolchildren    pinching
screaming sparrows    rolling
     toward hometown
Ah    the summer of the era
     schools closed
theaters closed    weeds in parks
loudspeakers hanging over
     basketball courts
a revolution   full blast in
     Mandarin

(translated by John A. Crespi)

Hay partes de esto que son difíciles de captar si no se conoce el fondo. Las camionetas rojas son presumiblemente las que llevaban a las personas como los padres de Yu Jian a ser reeducados. Los chicos que torturan a los gorriones podrían ser (o no) una referencia a los efectos persistentes de la campaña de Mao Contra las Cuatro Pestes, un esfuerzo realizado durante la hambruna de finales de 1950 para hacer que las personas mataran a todos los gorriones con el fin de evitar que se comieran el grano (Se dice que en un día, en 1958, la población de Pekín mató uno 83.348 gorriones. Puesto que los gorriones se alimentan de las langostas, su desaparición agravó la escasez de alimentos). ¡Pero qué escritura asombrosa! El punto de quiebre para Yu Jian, de acuerdo a los diversos relatos que comencé a combinar, se produjo en 1994, cuando publicó un largo poema llamado “Archivo 0”. El título hace referencia al dang’an –o dossier en forma de historia de vida- que tiene cada habitante de la República Popular. Una sección de ese poema, relacionada con su período de escolaridad, decía algo así:

Puntos a favor: respeta a sus maestros se preocupa por sus compañeros se opone al individualismo nunca llega tarde
mantiene la disciplina  disfruta el trabajo duro  nunca se va más temprano  no dice groserías no molesta a las mujeres
no dice mentiras combate las Cuatro Pestes es higiénico no le quita nada a las masas tiene iniciativa

Los tres poemas dan alguna idea del alcance y las inquietudes de Yu Jian: la atención a la vida cotidiana, el languaje anti-heroico, la actitud sardónica hacia el estado autoritario, y el salto hacia la metáfora del poeta puro.

Xi Chuan, diez años más joven que Yu Jian, creció en Pekín. Su padre fue un soldado del Ejército de Liberación y él entró en un colegio de élite, la Escuela de Lenguas Extranjeras de Pekín, en el momento en que los disturbios de la Revolución Cultural empezaban a apaciguarse. Ahí estudió chino clásico y la poesía inglesa romántica y escribió una tesis sobre Ezra Pound. Uno de los primeros poemas suyos que me llamó la atención fue “Mi abuela”:

Mi abuela

Mi abuela tosió, y mil gallos se despertaron.
Mil gallos cacarearon, despertaron a diez mil personas.
Diez mil personas salieron del pueblo, y los gallos del pueblo aún cacareaban.
Luego los gallos dejaron de cacarear, y mi abuela todavía tosía.
Aún tosiendo, mi abuela hablaba de su abuela, con su voz cada vez más débil.
Parecía la voz de la abuela de mi abuela cada vez más débil.
Mi abuela habló y habló hasta que se detuvo, cerrando los ojos.
Pareció como si la abuela de mi abuela hubiera muerto recién entonces.

Este poema tiene una liviandad y una velocidad de imaginación que difiere de la noción que se tiene generalmente en Occidente acerca de la poesía china. Es difícil decir si su realismo mágico y su estructura perturbadora suponen una visión luminosa u oscura de la historia.

En 1988, cuando tenía 25 años, Xi Chuan lanzó junto con algunos amigos la revista literaria Tendencia. En esa época estaba traduciendo a Ezra Pound y Tomas Transtormer, Czeslaw Milosz y Jorge Luis Borges, y su propia escritura sugiere una sofisticación y un alcance estético correspondiente con esas lecturas. Aquí un pequeño poema en prosa llamado “Asociación libre”:

The bald man doesn’t need a comb, the tiger doesn’t need weapons, the fool doesn’t need thought. The person with no needs is practically a sage, but the sage needs to go and count the great big rivets on the iron bridge as a diversion. This is the difference between the sage and the idiot.
          Nietzsche said a person must discover twenty-four truths every day before he can sleep well. First of all, if a person found that many truths, the supply of truth in the world would exceed demand. Secondly, a person who discovers that many truths isn’t going to want to go to sleep.

(translated by Lucas Klein)

Leí más tarde que, a finales de los 90, Yu Jian y Xi Chuan se embarcaron en una disputa acerca del futuro de la poesía china—Yu Jian apostando por el chino regional y vernacular y por un tratamiento directo de la vida cotidiana; Xi Chuan defendiendo un manejo coloquial del mandarín y una libertad para extraer materiales y temas de todo el espectro de la cultura humana. Hablando con ellos en Pekín, y escuchándolos a ellos y a otros poetas chinos conversar, tuve la sensación de que no les producía un interés particular enterarse que estaban comenzando a recibir la atención de la academia y de las revistas literarias de Estados Unidos y Europa.  Eran más que conscientes del hecho de que el interés en los “Poetas Oscuros” había sido tanto o más político que estético. Parecía haber flotar la idea de que eran juzgados más que nada por el contenido político de su trabajo, tanto adentro como afuera de China. No hablaban de esto en términos de censura sino en relación con las altas expectativas que la tradicional veneración china por la poesía generaba hacia su trabajo. Mientras tanto, trataban de encontrar la forma de deslizar el cuello fuera del nudo de ambas expectativas y hacer una poesía estéticamente novedosa en un paisaje cultural rápidamente cambiante.

Escuchando sus poemas ese día hace dos años, escuchándolos hablar acerca de sus proyectos poéticos, me conmovió su intensidad y su seriedad y su carácter lúdico y su ingenio rápido, y me di cuenta de que no podía evaluar qué valor estético y poético tenía su escritura en ese momento en China, de la misma manera que no podía saber qué rol continuaba jugando la censura del Estado en lo que estaba escuchando.

Pero podía darme cuenta de que este tipo de cuestiones eran justamente parte de lo que encontraban frustrante acerca de su situación, y comencé a comprender por qué. Por razones  reflejas, deben sentir que sus propios críticos literarios y los poetas occidentales los están leyendo por su inclinación ideológica, que es justamente aquello de lo que intentan escapar. Los poetas chinos de mi generación –los Poetas Oscuros- habían roto con la cultura literaria oficial reivindicando la subjetividad y la interioridad. Habían practicado una política de la antipolítica. Esta generación deseaba esa libertad, y querían reivindicar su derecho a registrar –o a encontrar el lenguaje en el que registrar- la realidad social en la que estaban viviendo. Parecen ser una generación para la cual todas las posibilidades de la poesía están al alcance de la mano. Esa era la excitación que estaba escuchando esa noche en Pekín.

Creo que fue Tomas Transformer quien dijo que la poesía era como las notas que los chicos se pasan de acá para allá en un aula (ahora serían mensajes de texto), mientras que la maestra Historia musita monótonamente en el podio. Vamos a escuchar hablar mucho de China en la próxima década, sobre su economía, sobre su política exterior y ambiental. Será el trabajo de traducción el que proveerá vislumbres –vislumbres humanos- de lo que esté ocurriendo.

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