Pekín

Pekin

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Tren militar

ai-qing

Se acerca el tren con un rechinar de hierros,
la locomotora negra lanza humo y detrás suyo,
una otras otra, pasan las carrocerías metálicas,
caras con gorros grises asomándose de cada vagón.
Los caballos marrones permanecen tranquilos,
como mujeres, con su pelaje ya sin lustre,
y a través de los agujeros que las balas
han hecho en el metal de la carrocería
pueden verse las melenas que caen
y los huesos salientes de las costillas.
Un soldado a su lado fuma y observa
a lo lejos los montículos de tierra y unas chozas.
Sostiene el cigarrillo de manera rara, con los cinco dedos,
y el papel le da a su cara un tono aun más oscuro.
Levanta un atado de pasto, los caballos tienen hambre.
No llega la hora de partir, y ese soldado viejo
saca de un bolsillito de su uniforme raído
un moneda de cinco centavos para comprar
una torta, que mordisquea en silencio,
fijos los ojos en una canasta llena de huevos.
A causa de la mugre en los uniformes
el número de la unidad resulta ilegible;
en los rostros cobrizos, cubiertos por los gorros,
hay como una franja espesa de sombra.
El cielo, sin sol a la vista, es de un gris sin falla,
y sobre la larga fila de vagones oscuros,
hasta donde alcanzan los ojos, se descubre
una línea ascendente y descendente de colinas
en nada diferente a las que hay por todo el país,
una extensión hermosa y todavía sin roturar,
alturas de tierra roja, amarilla, marrón y ocre.
El motor respira pesadamente, con el tren detenido,
mientras las personas caminan despacio a un costado,
y los caballos sólo levantan las orejas,
de golpe, cuando la máquina lanza humo.
El lugar está lleno de ruidos,
pero es como si reinara un silencio temible,
todo alrededor una gran llanura reseca,
a pesar de que ya es primavera en el mundo.

1940

Ai Qing

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Sí mismo

mu-dan

Sí mismo

No sabe al fin qué mundo era su patria:
optó por una lengua, por una religión,
y levantó en la arena su carpa temporaria,
y así bajo la luz de una pequeña estrella
se dio a intercambiar emociones con el mundo.
Pero no sé si en realidad era yo mismo.

En el camino se topó con una imagen
e hizo de ella el objeto de su culto.
Llamó amigos a estos, a aquellos enemigos,
y a la alegría y a la pena, la furia y el placer
fue colocando en el lugar que les tocaba.
Era esplendor y lujo la vitrina de su vida.
Pero no sé si en realidad era yo mismo.

A la prosperidad siguió la bancarrota,
como un rey por sí mismo derrocado.
El mundo y su castigo: sarcasmo, indiferencia.
No obstante había perdido solamente un reino,
y a medianoche era otra pena su desvelo:
Porque no sé si era en realidad yo mismo.

Había en otro mundo un aviso de Buscado;
en un cuarto vacío su ausencia fue sorpresa:
había ahí otro sueño que esperaba ser soñado,
rumores que esperaban que él los fabricara.
Como una biografía inacabada todo esto:
Porque no sé si era en realidad yo mismo.

1976

Mu Dan (1918-1977)

自己

不知哪个世界才是他的家乡,
他选择了这种语言,这种宗教,
他在沙上搭起一个临时的帐篷,
于是受着头上一颗小星的笼罩,
他开始和事物作着感情的交易:
不知那是否确是我自己。

在征途上他偶尔碰见一个偶像,
于是变成它的膜拜者的模样,
把这些称为友,把那些称为敌,
喜怒哀乐都摆到了应摆的地方,
他的生活的小店辉煌而富丽:
不知那是否确是我自己。

昌盛了一个时期,他就破了产,
仿佛一个王朝被自己的手推翻,
事物冷淡他,嘲笑他,惩罚他,
但他失掉的不过是一个王冠,
午夜不眠时他确曾感到忧郁:
不知那是否确是我自己。

另一个世界招贴着寻人启事,
他的失踪引起了空室的惊讶,
那里另有一场梦等他去睡眠,
还有多少谣言都等着制造他,
这都暗示一本未写成的传记:
不知那是否确是我自己。

1976年

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Alfiler

Alfiler

Los jóvenes ya no eran jóvenes según ciertos estándares.
Los viejos eran viejos para cualquier estándar.
Los niños se habían ido detrás de los perros.
Los buenos chistes se contaban con los dedos de la mano
y además no había nadie para apreciarlos.
(No tener secretos obliga a conversar en voz baja).
Como el agua y el aceite, dijo alguien, ¿pero qué quería decir?
Haber carecido de todo sentido alguna vez
era una etapa infaltable en el cursus honorum
de cualquiera que se preciara, la tragedia
de la incomprensión, sí, gozaba de prestigio
y era el preámbulo ideal para la apoteosis
que caía al final sobre cada episodio absurdo
dotándolo de un sentido, igual que de una absolución.
Como el agua y el aceite, o como una amiga
que recorre todos las mercerías del barrio
buscando un tipo específico de alfiler
inhallable, usando una conversación
casual como pretexto para introducir
una palabra en la que pensó todo el día.

 

Sun Bolei (1982-)

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Sentido

Las nubes no dicen nada. Las olas no dicen nada.
Los muros del cementerio dicen algo, o casi nada.
Los heterónimos no dicen nada, igual que los seudónimos:
los diminutivos, los nombres de flores, los sobrenombres.
El viento no dice nada, crea expectativa.
Una almohada dice algo sobre los sueños de anoche,
y un eco repite: si los cepillos de dientes hablaran, ah…
Una vieja se queda callada antes de hablar.
Un helicóptero sobrevuela la ciudad, sin comentarios.
Después de una noche en vela
el arúspice descifra el mensaje en la borra:
silencio. En las entrañas de la paloma que encontró
aplastada en el asfalto esa mañana: silencio.
Ante el silencio de la paloma reaccionó con un chistido,
que es más o menos como decir que hizo silencio.
Se quedó pensando si decía algo con su silencio,
y concluyó que siempre era posible encontrar a alguien
para quien cualquier cosa significara algo.

Sun Bolei
(1982-)

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La muerte del soldado alemán Shermansky

 

El ruso fue mi destino.
En la frontera entre los países crecí, huérfano,
en el borde del pan y los molinos.
Oh, en una aldea sacada de un cuadro.
Junto con mi alemán natal,
el ruso creció en mí velozmente,
más rápido que los trenes secretos más rápido que mis dientes que mi edad
y que los árboles.
Kakayaharoshayapogoda!
¡Un tiempo tan hermoso!
Luego estalló la guerra y
perdí primero la Grecia llena de piedras
y días: eucaliptos y el murmullo
de una fuente, musical, me dejaron mudo.
En tres meses no dije una sola palabra,
nunca ni un jawohl a mis superiores,
y más tarde me mandaron
a cruzar el Neva en llamas,
Estalingrado en ruinas,
y todo esto parecía como una culpa personal.
De verdad, la lengua es el mundo,
y el mundo necesita la lengua para el perdón.
Años de odio, ay, lengua en harapos,
¿cuánto tiempo debía soportar aún?
Más tarde nos estacionamos
en cierta aldea, y fue como si hubiera
estado allí muchas veces antes. ¿Qué, dajevn ?
El lugar más conocido es también
el más extraño, ¿no es cierto, capitán?
El capitán dijo: “Shermansky,
hay que construir una trinchera
clavada como un puñal en el corazón del enemigo”
A causa de mi ruso,
me enviaban a buscar huevos, leche y otros alimentos,
así que cada día entraba y salía de las calles, los ligustros,
mientras el sol de octubre punzaba mi sombra líquida,
y yo estaba feliz como la trucha de Schubert.
Mi lengua ágil abría puertas y cortinas,
e imitando el silbido del cuclillo
llamaba desde lejos a la colorada Katya.
Katya, ¿ya estás lista?
Dame cinco manzanas rojas.
Katya, como yo, tenía olor en las axilas,
pero esto no importaba: toda la noche
la luna cálida se entretenía sobre nuestros cuerpos.
¿No fueron, la primera vez, nuestros cuerpos
como si dos léxicos chocaran y se unieran
formando un frase compuesta?
Katya, Yajiebialiubliu!
Decime: ¿Cómo se dice esto en alemán?
Yo respondía: Ichliebedich, Katya!
Más tarde nuestra trinchera se vino abajo,
nuestra guerrilla, ay, hermosa Katya.
El tribunal me decretó traidor a la patria
y me dio cuarenta y ocho horas:
veinticuatro horas estuve prófugo,
luego me atraparon y gasté otras catorce
en pedir gracia, escribí: Bitte,bitte,Gnade!
Respondieron: que me daban diez horas:
ocho horas, seis horas, cinco horas.
Después el pastor del ejército vino.
Era amable como una eternidad,
pero la eternidad no puede sustituirme.
De la misma forma que una bala no puede sustituirme,
a mí, a Shermansky, a esta persona que soy!
El pastor lloró, me abrazó, me dio un beso:
Hijo, hijo, Dubistnichtverloren!
Todavía hay tiempo, ¿querés escribir una carta?
Podés dictarme. ¿Pero usted sabe ruso, padre?
Dios sabe diferentes lenguas, hijo.
Así que, apremiado dije, querida Katya
querida, Katya, tengo diez minutos,
el alba tiene aun diez minutos,
el otoño tiene aun cinco minutos,
nosotros tenemos aun dos minutos,
un minuto, medio minuto,
diez segundos, ocho segundos, cinco,
dos:Lebewohl! Mi querida Katya!

Dispárenme al rostro, ah,
pero no al corazón.
Querida Katya,
morí, ¿pero qué es la muerte?
La muerte es como la muerte de otra persona.

Zhang Zao (1962-2010)

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Las bellezas del tiempo

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Sentada en una casa de té
un día, charlaba con amigos
sobre la era Kaiyuan, la era Tianbao,
sobre esos años de oro
y sobre el caos y la ruina
de los años de guerra.
Cuando yo era joven
buscaba por todas partes
materia para mis poemas.
Escribí sobre la guerra
y la soledad de las mujeres,
y sobre las penas que, apilándose,
cruzaban mi memoria
como columna vertebral.
Escribí, ah, escribí,
hasta llegar a la mediana edad

En esa noche quince lo vi todo:
una mujer bailando sobre un plato
dos sombras agitándose con el viento
y alrededor las cosas enamoradas-
aleros que se estiran hacia ella
crisantemos que lanzan sobre ella el soplo del mundo
el viento que levanta su vestido

y sólo entonces
el hombre casi oculto
que mira fijo sus piernas mientras baila

Bajo la luna llena espié todo
Era verdad, y era tan claro
Una muchacha bailaba con flores en el pelo.
Bailaba, y la luz de la luna parecía atravesarla
Bailaba, desde la planta de los pies hasta la cabeza
Bailaba, barriendo todas las hojas secas

(Nada le importan las luchas del palacio
Sólo le importa bailar, bailar con el viento)

Alrededor los ojos rapaces
y el mundo enamorado
miran así cómo su cuerpo se desnuda

Cuando yo era joven
(unas pocos se acuerdan
aun de esos viejos poemas)
escribí de la enfermedad y de la infancia,
y del dolor en medio de la oscuridad.
Mi tristeza despreciaba el peso del mundo.
Escribí, escribí, ah, escribí hasta la mediana edad

Vi de verdad algunas escenas de guerra:
humo sobre el sol, espadas acribillando al cielo,
banderas medio arreadas entre los lamentos
¿Por qué una canción triste salía de esa tienda?

Un poco de vino fue vertido en el cáliz dorado del tiempo
Una mujer se puso su blanda armadura
¿Por qué lloraba el general?
¿Por qué temblaba de miedo la mujer?

(No le importa qué dice el relincho del caballo
Siguiendo a ese caballo ella lo sigue a él)

Salvo la antigua luna esta noche y
el viento que ahora me eriza la piel
quién más observa esta pila de imágenes
de cadáveres y sangre congelada.

Cuando yo era joven
dejé pasar de largo
cuántas cosas que esperaban ser escritas
Escribí sobre el amor y los pensamientos,
Escribí sobre la mirada fija de un hombre
Sólo de la decadencia no escribí
Escribí, escribí, ah, hasta la mediana edad

Un poco más al oeste, en la montaña,
flotan en el agua tibia y perfumada
Una túnica de seda doblada en la orilla

Un poco más al oeste, poniendo rienda a los caballos,
el general cansado de las guerras grita una orden,
y en la oscuridad siempre hay alguien que recita sus pecados

Un poco más al oeste, en medio de la huida,
la luna llora con ellos
y una hebilla de jade cae al suelo

(No oye el ruido sombrío de los tambores ella
Ella sólo escucha el murmullo, las promesas sin fin)

Ejércitos y caballos pasaron por esta fuente
y el agua sigue igual de tibia hoy, igual de perfumada
El amor después de la muerte, el amor recién nacido
brotan sin pausa aun desde este ojo de agua

Sentada en una casa de té
un día charlaba con amigos
sobre los años felices y pasajeros
Ya no soy joven, y ya no me empecino
en enfrentar una mitad a la otra mitad del mundo
Abro los ojos y miro pasar las cosas, las personas
El tiempo nunca se detuvo ni un instante por nadie
Igual que antes yo aun escribo, escribo
y así escribí estos versos:

“Bajo la luna llena
dejaron que una noche
la pasión los arrastrara
hasta sentir que los huesos
a causa del placer se les licuaban
Hombres, hombres:
por su belleza alaban
a la mujer al comienzo,
pero después, más tarde,
cuando el desastre ocurre
cuando la ciudad se incendia
los hombres, ah, los hombres,
recitan sin tardanza sus pecados.”
Zhai Yongming

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