Las palabras del águila (I)

Las palabras del águila

  1. Acerca de lo temible y dañino del pensamiento
1. Escuché hablar de una aldea donde todas las personas habían perdido el cerebro a causa de una enfermedad. Sólo el jefe de la aldea había conservado la mitad de su cerebro. Por eso con frecuencia alguien iba hasta la casa del jefe de la aldea en medio de la noche, lo forzaba a levantarse de la cama y le ordenaba: “¡Ayudame a pensar esto!”
2. Observá cómo el pensamiento es una carga, observá hasta qué punto puede acabar con toda dignidad.
3. Escuché hablar de un niño que tenía la costumbre de esconderse dentro de una olla o de un nido para dar libre curso a sus pensamientos. Y sin embargo, su madre estaba convencida de que no era capaz de escapar de la palma de su mano. Hasta que un día el niño se esfumó sin dejar rastro: ni él mismo sabía ya dónde se encontraba, mucho menos su preocupada madre.
4. Observá cómo realmente el pensamiento es temible y dañino.
5. (Aquello que puede ser llamado “vicio” indefectiblemente fascina y produce adicción).
6. Mi antepasado escribió una carta al emperador proponiéndole que prohibiera el pensamiento. El emperador aceptó de buen grado la propuesta, pero al poco tiempo decidió posponer su aplicación. Decidió prohibir primero que las personas anduvieran desnudas en sus casas.
7. Se equivocaba. Evidenciaba así su falta de pensamiento. Porque nadie se atreve a asegurar si al abrir de un empujón la puerta del pensamiento lo que saldrá del interior será una bella mujer o un tigre. Nadie se atreve a asegurar que la belleza no rugirá o que el tigre estará desprovisto de ternura.
8. Por eso una broma es preferible a un pensamiento. Por eso los químicos inventaron los somníferos. Un somnífero es capaz de ahuyentar a los demonios del pensamiento. Sólo que esto no puede leerse en ninguna botella de somnífero.
9. Una vez durante una noche de insomnio escuché a alguien gritar mi nombre. Siguiendo el rastro de ese grito anduve contra el viento y atravesé un río, corriendo serio peligro de resbalarme, pero no logré alcanzar a nadie. Concluí que en ese momento un demonio había comenzado a acecharme.
10. Por eso camino pegado al muro y con el aspecto de alguien que guarda la llave de un depósito de oro. Miro todo el tiempo hacia atrás buscando a un posible perseguidor, hasta que choco contra un árbol, hasta que choco contra otra persona con aspecto de guardar la llave de un depósito de oro.
11. Pienso que he tomado el camino equivocado: me complazco en refutarme a mí mismo. Siempre hay alguien descontento cada vez que me dispongo a la refutación. Es una suerte que el refutado sea yo mismo.

12.  Me veo a mí mismo en el espejo, pero no veo mi pensamiento. En cuanto lo veo, mi pensamiento se paraliza.


Xi Chuan (1963-)
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