Clichés

Este fin de semana salió en Perfil una nota de Oliverio Coelho llamada “Políticas del Olvido”. Comienza con una reseña rápída de una novela china de Chan Koon Chung que la editorial Destino editó el año pasado en España (y que en China se encuentra censurada), para luego trazar un paralelo entre la realidad orwelliana de la novela y la realidad china, paralelo que Coelho refuerza o busca reforzar con su propia experiencia en la capital china. La nota critica, con razón, el optimismo ciego (de cuño neoliberal) o la idealización romántica, que caracterizan muchas visiones sobre China, pero cae, a mi parecer, en otro cliché bastante común de la mirada occidental sobre China, un cliché que suele apelar ingenuamente, como hace Coelho, a equívocas experiencias de viaje para legitimarse. Es el cliché que al optimismo interesado o al romanticismo bobo opone un pesimismo casi despectivo, capaz de concluir que nos encontraríamos ante una sociedad de “autómatas felices”.

El núcleo del problema, a mi entender, está en este párrafo de la nota:

Bajo aviso, en cambio, apenas pisé la ciudad, rastreé blancos en la memoria colectiva, casi como un personaje de Chan Koon Chung. Bastó llegar a la plaza Tiananmen, epicentro político sólo accesible a través de dos pasos subterráneos en los que se ha montado una especie de oficina de migraciones, con militares y scanners. Después de hablar con decenas de chinos y comentarles lo extraño que me parecía ese filtro, descubrí que nadie recordaba épocas en las que acceder al Agora no fuera un trámite burocrático. Tampoco creían que ahí, el año 89, hubiera existido una revuelta de estudiantes que terminó de manera trágica.

La clave de este párrafo reside en el “nadie recordaba”. Nadie de la decena de chinos consultados por Coelho recordaba, según él, que en la plaza hubiera existido una revuelta. Hay aquí, creo yo, un malentendido. En China sucede con frecuencia, en verdad, que las personas consultadas por un extranjero o un desconocido se muestran evasivas o prefieren evitar los temas políticos, dando la sensación de que o no les interesa o no saben nada al respecto. Pero eso sólo en apariencia. Claro que se recuerda que hubo una revuelta, y claro que hay discusión de estos temas. Sólo que es difícil que estén dispuestos a hacerlo con un desconocido. La cosa cambia cuando se entra en confianza.

No se trata de negar la existencia de censura o de un estado autoritario. Se trata de indagar un poco y de evitar caer en generalizaciones que no aportan nada. No es necesario escarbar mucho para encontrarse con que, menos que una sociedad “de autómatas felices”, la china es una sociedad hiper conflictiva y llena de espacios de resistencia.

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