Viajes de juventud

Catorce o quince años, y empecé
a rondar el ambiente de la literatura
y a hacer amigos entre los poetas,
maestros como Wei Qixin y Cuishang
comparándome con Bangu y Yang Xiong.
A los siete ya había alcanzado madurez,
y escribí mi primer poema alabando al fénix.
A los nueve podía trazar grandes caracteres,
y tenía mi bolsillo repleto de ellos.
Era abierto de naturaleza, amante de la bebida,
odiaba a los injustos y veneraba a los rectos.
Evitando la compañía de los más jóvenes,
buscaba a mis amigos entre los maestros.
Embriagado, tuve el deseo de ver el mundo:
viajando hacia el este llegué hasta Gusu,
y a punto estuve de subirme a un barco
para cruzar el mar: aún hoy me arrepiento
de no haber llegado a ver el árbol sagrado.
Las huellas de dos linajes magníficos
se habían desvanecido ya casi del todo,
y la tumba del rey Helu estaba abandonada;
pero la pared frente al Estanque de la Espada
era todavía igual de empinada, y en Changzhou
todavía el aroma del loto igual de fuerte.
Junto a una de las puertas de la ciudad
el templo se duplicaba en un estanque.
Visité la tumba de Wu Taipo,
y me largué a llorar recordando la historia;
la daga escondida dentro del pescado,
el sello imperial disimulado en la cintura;
pensé en Gouxian, durmiendo con las armas de almohada,
y al cruzar el río pensé en Shi Huangdi.
Las mujeres de Yue eran las más hermosas,
y en el lago Qian en mayo soplaba un aire fresco.
Shanxi, y sus paisajes increíbles:
tantas cosas que resulta imposible olvidar.
Tenía 24 años, había llegado el momento
de dar el examen para ser funcionario,
y tomé un barco de regreso a mi pueblo
pasando frente al sagrado monte Tianlao.
Soberbio, me ponía a mí mismo a la altura
de Qu Yuan y los otros grandes del pasado,
no encontrando a nadie digno entre los demás.
Sin embargo, fui rechazado en el examen,
y abandoné toda esperanza de una carrera.
Me fui a Shandong, embarcado en una vida libre
y salvaje, montando a caballo y vistiéndome con pieles;
cantando en primavera canciones en Congtai,
en invierno cazando cerca de Qingqiu.
Llamando a las águilas en Zaililin,
persiguiendo animales en Yunxue.
Al galope, apuntando a los pájaros en vuelo
disparaba, y a cada disparo caía uno.
Mi compañero se acercaba entonces, sonriendo,
como si estuviera con el mismísimo Qiang Ge.
Así pasaron volando ocho o nueve años,
y volviendo hacia el oeste, hacia la capital,
entré en contacto con sabios y príncipes.
Tras escribir una oda dirigida a la Corte
fui invitado al palacio, recibido por el emperador,
y funcionarios vestidos con toda la pompa;
sin embargo, poco después dejé la capital,
prefiriendo el vino y la vida libre,
sin ningún apego por los cargos.
De vuelta en mi pueblo, ahora ya viejo,
vi cómo se habían multiplicado las tumbas
en mi ausencia. Por mi edad, era tratado
con respeto y sentado en la cabecera,
pero cada vez era más y más consciente
que la vida se escurría con rapidez.
Las familias nobles se peleaban entre sí,
aniquilándose mutuamente, una tras otra.
Los caballos del ejército agotaban el forraje,
y las gallos de la corte todo el grano.
Digo esto sólo para mostrar el derroche:
la historia está llena de ejemplos conocidos
del ascenso y la caída de las dinastías.
En Heshuo la guerra levantó su polvareda,
y el emperador huyó con la corte a Sichuan.
Tuvimos entonces dos palacios imperiales,
alerta, y separados por la distancia.
El aire se puso denso sobre Kongtong,
se levantaron las banderas amarillas del príncipe.
Reunidos los ejércitos en la montaña Wutian,
el dragón y el tigre iban a comerse al lobo.
El golpe, sin embargo, no dio en el blanco,
y los rebeldes se volvieran aún más audaces.
Nuestros soldados estaban débiles y enfermos.
Movido por la furia y por la indignación
tomé en ese momento el cargo de censor.
Los nobles lloraban sus templos quemados,
el pueblo gemía de hambre en las calles.
Cumplía con mi deber criticando los errores,
exponiéndome sin miedo a la ira del emperador,
y tuve suerte de no resultar muerto.
El emperador era sabio y tolerante,
y en breve el imperio recuperó algo de paz.
De vuelta en la capital, lloramos entre las cenizas de los templos,
y en el palacio vi por última vez al emperador.
Ahí se acabó mi tiempo como consejero.
Enfermo y viejo, viajé por lugares extraños,
como un pájaro que no encuentra rama donde posarse.
El viento del otoño suena en este valle frío,
quiebra las hojas de loto y dispersa su perfume.
Jizhitui no deseaba el reconocimiento del rey,
y al pescador del poema de Qu Yuan
le alcanzaba con lavar sus pies en el río.
La fama y la juventud no duran para siempre,
se marchitan como las flores con el invierno.
Ahora hay en el gobierno un hombre brillante
y aunque los bárbaros todavía no han sido pacificados,
debemos tener fe en que su talento prevalezca.

Tu Fu

Versión Miguel Angel Petrecca

壮游

往昔十四五,出游翰墨场。
斯文崔魏徒,以我似班扬。
七龄思即壮,开口咏凤凰。
九龄书大字,有作成一囊。
性豪业嗜酒,嫉恶怀刚肠。
脱略小时辈,结交皆老苍。
饮酣视八极,俗物都茫茫。
东下姑苏台,已具浮海航。
到今有遗恨,不得穷扶桑。
王谢风流远,阖庐丘墓荒。
剑池石壁仄,长洲荷芰香。
嵯峨阊门北,清庙映回塘。
每趋吴太伯,抚事泪浪浪。
枕戈忆勾践,渡浙想秦皇。
蒸鱼闻匕首,除道哂要章。
越女天下白,鉴湖五月凉。
剡溪蕴秀异,欲罢不能忘。
归帆拂天姥,中岁贡旧乡。
气劘屈贾垒,目短曹刘墙。
忤下考功第,独辞京尹堂。
放荡齐赵间,裘马颇清狂。
春歌丛台上,冬猎青丘旁。
呼鹰皂枥林,逐兽云雪冈。
射飞曾纵鞚,引臂落鹙鶬。
苏侯据鞍喜,忽如携葛强。
快意八九年,西归到咸阳。
许与必词伯,赏游实贤王。
曳裾置醴地,奏赋入明光。
天子废食召,群公会轩裳。
脱身无所爱,痛饮信行藏。
黑貂不免敝,斑鬓兀称觞。
杜曲晚耆旧,四郊多白杨。
坐深乡党敬,日觉死生忙。
朱门任倾夺,赤族迭罹殃。
国马竭粟豆,官鸡输稻粱。
举隅见烦费,引古惜兴亡。
河朔风尘起,岷山行幸长。
两宫各警跸,万里遥相望。
崆峒杀气黑,少海旌旗黄。
禹功亦命子,涿鹿亲戎行。
翠华拥英岳,螭虎啖豺狼。
爪牙一不中,胡兵更陆梁。
大军载草草,凋瘵满膏肓。
备员窃补衮,忧愤心飞扬。
上感九庙焚,下悯万民疮。
斯时伏青蒲,廷争守御床。
君辱敢爱死,赫怒幸无伤。
圣哲体仁恕,宇县复小康。
哭庙灰烬中,鼻酸朝未央。
小臣议论绝,老病客殊方。
郁郁苦不展,羽翮困低昂。
秋风动哀壑,碧蕙捐微芳。
之推避赏从,渔父濯沧浪。
荣华敌勋业,岁暮有严霜。
吾观鸱夷子,才格出寻常。
群凶逆未定,侧伫英俊翔。

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