Prologo de Du Mu a los poemas de Li He

A mediados del décimo mes del quinto año del período Tai He, en medio de la noche, un mensajero con una carta se anunció con un grito frente a mi casa. Pensé que debía de tratarse de algo importante y pedí que me encendieran rápidamente unas velas. Dentro del sobre, en efecto, encontré una carta del gran estudioso Shen Ziming, donde decía lo siguiente:
“Durante el período Yuan He, unidos por un afecto profundo, pasamos con mi querido Li He noches y días enteros conversando, bebiendo y comiendo. Fue debido a este vínculo que, cuando estaba a punto de morir, decidió entregarme todo lo que había escrito, dividido en cuatro volúmenes, en total doscientos treinta y tres poemas. Durante varios años estuve viajando sin pausa por todo el país, requerido por diversos asuntos, al punto que creía en realidad haber perdido ya los manuscritos; esta noche, tras despertarme de una borrachera, y puesto que no pude volver a dormirme, me dediqué a poner en orden unas cajas. En eso estaba, cuando de repente me encontré con aquellos cuatro volúmenes que mi amigo me había entregado. Comencé a pensar en los asuntos del pasado, y todas las conversaciones y paseos que habíamos tenido juntos, cada lugar al que habíamos ido, cada momento, días y noches, borracheras y comidas compartidas, aparecieron de golpe uno tras otro en mi cabeza, como si el olvido no hubiera podido diminuirlas en lo más mínimo. Sin darme cuenta, empecé a llorar. Puesto que Li He no dejó mujer ni hijos a quienes pueda ayudar o a través de quienes pudiera demostrar mi afecto por mi amigo muerto, todo lo que he hecho hasta ahora por él es recordar sus poemas y sus actos. Usted me es extremadamente querido, y por eso me atrevo a pedirle que escriba el prólogo para su obra, explicando su origen, y aliviándome así de la carga”.
Esa noche intenté en vano escribir una respuesta, y al día siguiente me dirigí a la casa de Shen para agradecerle: “Todo el mundo dice que el talento de Li He superaba de lejos al de todos quienes lo precedieron”.

Durante varios días decliné el ofrecimiento, diciéndole: “Su conocimiento de la poesía es sutil y profundo, además de conocer íntimamente a Li He con todos dos virtudes y defectos. Ahora me pide que escriba sobre Li He y no me permite renunciar; sin embargo, no tengo posibilidad de estar a la altura de sus expectativas”. De esa forma agradecí varias veces, repitiendo que no me atrevía a aceptar semejante encargo, hasta que Shen sugirió que consideraba mi negativa como una ofensa. De esta forma, tuve que aceptar finalmente el encargo y me dediqué, obligado, a hacer el prólogo para Du Mu, aunque sintiendo una extrema vergüenza.

Li He, también llamado Chang Ji, era uno de los muchos descendientes de la casa imperial Tang. Nacido durante el período Yuan He, su poesía fue elogiada desde temprano por el crítico Han Yu. Nube y neblina entremezcladas no alcanzan para describir su estilo, o ríos interminables a agotar su sentimiento; la primavera no alcanza a su calidez ni la limpidez del otoño su estilo; mástiles en la tormenta o caballos en medio de la batalla no están a la altura de audacia; ataúdes de arcilla y vasijas con caracteres antiguos no sirven para dar una idea de su simplicidad primitiva; las flores en estación y las mujeres hermosas no rivalizan con su belleza, ni los palacios abandonados y tumbas llenas de pasto con su tristeza; enormes ballenas y grandes tortugas marinas, bueyes fantasmagóricos y serpientes con cara de hombre se quedan cortos para hablar de su imaginación fabulosa.
Podría decirse que es descendiente de la tradición del Li Sao, y aunque su razón no es tan alta, lo supera tal vez en forma. El Li Sao está lleno de quejas, resentimiento e ironía, porque su objetivo era que el gobernante ordenara el caos; por momentos incluso es capaz de provocar la emoción. La obra de Li He carece de estas características. Li He es capaz de inquirir en los asuntos del pasado, y por eso se lamenta que desde antiguo hasta ahora no haya habido hombres respetuosos del Dao, como en “Canción de despedida de los dioses dorados a Han”. En busca de paisajes extraños, Li He viajó solitariamente por los caminos de la escritura, y debido a esto nos resulta difícil comprenderlo de manera cabal. Murió a los 27 años. Todo el mundo dice: de no haber muerto tan temprano, y si hubiera sido capaz de agregar un poco de razón a su poesía, habría dejado muy atrás al Li Sao. Aproximadamente quince años después de su muerte, yo, Du Mu de Jing Zhao, hice este prólogo.

Versión Miguel Angel Petrecca

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