Domingo a la tarde

Corriendo lejos del padre los chicos suben al carro
que baja a toda velocidad; sus gritos agudos,
de alegría, atraviesan el parque de diversiones
y llegan hasta un aula y al cuarto de una casa.

Vestida a la moda, la esposa se sienta junto al joven marido.
Sabe de algún modo que él camina cautelosamente
sobre el agua. El siente que ha aumentado de peso,
que el peso de todas las cosas ha aumentado.

Un pequeña sonrisa de placer se insinúa en su cara.
Envuelto en la multitud sale del parque, las luces se encienden,
las flores del durazno se abren bajo las luces. Cuando todos
suben al colectivo, él se duerme lánguidamente.

Xiao Kaiyu (Sichuan, 1960-)
Traducción Miguel Angel Petrecca

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